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lunes, 25 de octubre de 2010

Siervos del atardecer


Mientras la hojas caían de aquella inmensa arboleda, nos quedamos mirando en un punto de aquel horizonte impenetrable, sentados en un banco de madera, que gastado por los años pertenecía a la propia naturaleza, cubierto de musgos y rodeado de hojarasca, se convirtió en nuestro trono durante ese día.

Veíamos formas impuras caminar a nuestro alrededor, e invadían con sus miradas lascivas escaneando nuestras frentes, intentando leer nuestros pensamientos. Y aunque teníamos cerebro practicamente impenetrables, nuestras lágrimas caían a ese mar de hojas, tan débiles....

Llegó el momento de las decisiones, durante meses habíamos cavado nuestra propia tumba y nos habíamos liberado de esa carga emocional que nos ataba, y ahora..... ahora sabíamos como pensaban los demás, habíamos descubierto esa barrera que antes era infranqueable.
Eramos semidioses... quizás algo malvados, pero semidioses. Y siempre teníamos en nuestros hombros un estandarte, que en un futuro muy cercano, volvería a ser el ítem por el que nos venerarían.

Ante esa circunstancia, sentados en nuestros tronos, sufriendo momentaneamente y creyéndonos algo importante.... decidimos abandonarnos a nuestra suerte, divagar hasta las tantas, seguir urdiendo un plan en el que al final... seríamos reyes.

Fdo. Almaw Onthebridge

jueves, 21 de octubre de 2010

Elevamos la mirada...




Durante años estuvimos sentados en los bancos de la plaza de la universidad, a veces sustituíamos nuestro rincón habitual, por una velada bajo las estrellas debajo de la catedral. Y cada instante se convertía de alguna manera en nuestra propia terapia.

Cerrábamos la noche cantando canciones, inventando leyendas y creando castillos de arena sobre nosotros, disfrutábamos de nuestros proyectos personales, y descubrimos un rincón único en el que jugueteábamos con nuestro entorno, creábamos, y gritábamos al cielo nuestra necesidad de ser libres, de ser grandes, de no necesitar a nadie y creernos los reyes sin autoridad.
Desafiábamos cada segundo con una carcajada, y nuestra maldad suprema se convertía en algo por lo que luchar; cosíamos ideas y nuestra batalla nunca se acababa.

Fue sin duda unos años espectaculares, pero aún recuerdo como sin querer nuestras manso se soltaban para crear palabras, como sentíamos que miles de miradas pasajeras centraban su atención en algo tan simple como era comunicarse.

Siempre que toquemos la campana al segundo volaremos para reunirmos, y tener una charla como las de antes. La vida hecha palabras, la vida hecha momentos.

Nos reuníamos entre libros a buscar nuevas esencias, nuevos colores y movimientos. cada instante inapreciable era como una hoja en blanco donde escribir.

Nacimos con la esencia que el aire nos proporcionaba, crecimos como seres terrenales y maduramos aún sin pensar que los años pasan y que en la retina quedan todos esos recuerdos.

Y nunca moriremos sin secretos.

Fdo. Idigoras Onthebridge